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Mediación social y tecnologías audiovisuales

La posesión y control de los dispositivos técnicos ha establecido siempre una relación de poder entre quienes los manejan y controlan y entre aquellos que los consumen.

En este sentido, el poder se perfila como un saber hacer con capacidad para controlar y manejar el conjunto de los elementos técnicos que se desprende de un dispositivo como el audiovisual, que tiene una enorme potencia de control e influencia sobre el conjunto de lo social. Conocimiento y poder han sido y son un binomio que actúa en lo social y económico, y que en la expansión de la cultura occidental por el mundo sostuvo el impulso colonial del siglo XVIII.

Un cambio de perspectiva en estas relaciones de poder y de generación de conocimiento a partir del uso original de la técnica documental equivale a adoptar nuevas maneras en los modos de producción que han sido impuestos de manera vertical, tanto en el ámbito del arte contemporáneo como de la investigación académica, la producción audiovisual y el activismo social.

El documental participativo, así como las comunidades de aprendizaje de nuevo cuño, se disponen como una herramienta para encontrar un medio de expresión individual y colectivo que funcione como alternativa al mercado audiovisual, y que sea capaz de poner de manifiesto las necesidades que son exclusivas e intransferibles del sujeto enunciador y de su comunidad, creando así mundos reales a partir de formas imaginadas en el ámbito de un saber compartido.

En el documental social participativo (DSP) las relaciones de empoderamiento de los protagonistas, la necesidad del establecimiento de dinámicas de grupo, el distanciamiento del equipo de producción de su propio saber técnico, para dejar paso al diálogo e intercambio operativo con los protagonistas, y la nueva mirada requerida al usuario de este proceso constructivo crean características singulares tanto en el modo de producción audiovisual como en la función histórico-social que asumen.

La transformación de los procesos simbólicos en la representación del sujeto y de su entorno potencia un ejercicio de enunciación desde la cultura, y no solo sobre las características de los hechos de cultura. Este modo participativo es generador de una nueva mirada y de un saber hacer comunitario, en el sentido que potencia la acción extra-diegética de los protagonistas, es decir, en el hecho que induce a la acción de los protagonistas más allá del propio relato audiovisual, provocando una trama fuera y dentro del relato audiovisual que redefine la perspectiva de la mirada, como una toma de conciencia de los elementos configuradores de la materialidad audiovisual.

Este proceso participativo de trabajo nos aleja de la necesidad de la generación de productos industriales, en el sentido de una producción acabada con una función determinada, y nos permite elaborar la materialidad audiovisual desde una perspectiva de conocimiento del entorno, del proceso de trabajo y de la generación de documentos.

Pero en el dinamismo de los procesos de creación las definiciones no son automáticas. Estos procesos colectivos de trabajo, en los que nunca fuimos formados por la academia ni por las escuelas especializadas, abren más incógnitas que certezas. Es desde la práctica desde donde podemos generar una forma original que piensa en digital mediante imagen y sonido, pero también desde el cuestionamiento crítico de estos procesos de trabajo. La velocidad de transformación del audiovisual, del pensamiento en imágenes, de las propias narrativas, necesita de estos polos de trabajo junto a la investigación y experimentación, necesita pensar las imágenes, pensar texto y contexto para la construcción de nuevos imaginarios.